La vida secreta de Hitman

¿Cómo es la vida del famoso asesino cartoniano? Descúbrelo de la mano de M.O.III.

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El otro día recibí un mensaje de un nuevo cliente, Estopero, pidiéndome informes acerca de la vida del Agente 047, o sea, Hitman. Estopero quería saber como se comportaba Hitman en el Mercadona. Fue difícil, como digo, porque 047 lo compra todo en el Corte Inglés, ya que hace allí el anuncio de trajes de Emilio Tucci, allá por febrero, cuando es primavera en esos grandes almacenes (Dios sabe qué calendario usarán). Eso sí, a él le ponen peluquín.

Al entrar al Mercadona, 47 mató a una cajera que quiso pasarle la pistola de lectura por la nuca

Tras días de vigilancia, por fin entró en un Mercadona, con su traje negro habitual y una corbata, sorprendentemente blanca. Lo primero que hizo fue matar a una cajera. La muy necia se empeñó en pasarle la pistola de lectura del código de barras por la nuca a 047 (el tiene su código ahí), que no se lo tomo como la Maggie de los Simpson. Acribilló a la torpe con sus AMT Hardballers (Las pistolitas plateadas) hecho que fue muy criticado por unas marujas que llevaban un rato largo haciendo cola, y sobre las que 047 vació el cargador. Pisó por encima de los sanguinolentos cadáveres sin inmutarse, conmigo tras el, y se dirigió a la estantería de los productos de limpieza, probablemente para coger algo con que limpiar las pistolas, que habían sido salpicadas con la sangre de sus victimas. En estas apareció el típico graciosillo que cogió un bote de Don Limpio y le pidió que se lo firmara. Su sonrisilla traviesa se congeló cuando 47 le rebanó el pescuezo con un cuchillo que sacó del antebrazo, en un movimiento que no hubiera podido seguir ni aun cuando no nos hubiera salpicado en los ojos el chorro de sangre que salió del pobre individuo.

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Tras coger su producto de limpieza (una marca blanca), se dirigió a la carnicería, pasando por la zona de alimentación, donde una simpática señorita le ofreció degustar un queso añejo. 47 aceptó, cogiendo un trocito. Tras saborearlo con satisfacción, en contrapartida le ofreció a la muchacha un sorbito de una botellita de vino que llevaba en una petaca, y se marchó hacia la carnicería. Iba yo a coger también un trocito de queso cuando a la chica le empezaron a dar convulsiones y cayó sobre el suelo echando espumarajos y sangre por la boca. “Veneno” –me dije- “¿O será que el queso está demasiado curado?” Llegué a la carrera y localice a 47 rápidamente, dándole gracias al dios de los periodistas porque las luces se reflejaran en su calva, haciendo un efecto de faro que le ubicaba inmediatamente.

Tenía que acicalarme un poco ya que estaba empapado de sangre hasta las cejas

Hitman estaba parado frente a la maquina que daba los turnos de la carnicería, observando su número, que era, -cómo no- el 47. El panel luminoso marcaba el número dos y había una cola apreciable de señoras casi tan clónicas como 47, con la misma permanente, estilo de ropa, etc… Decidí que dada la situación tenía tiempo de acicalarme un poco, ya que debido al comportamiento de 47 estaba empapado de sangre hasta las cejas, así que me fui al aseo, me lavé y volví a la carnicería, suponiendo que con lo poco que había tardado la cola iría por el número cinco, como mucho.

Al llegar, encontré que en el panel de los turnos brillaba el número 47. Hitman estaba siendo atendido por el carnicero, y a sus pies se hallaban los cadáveres de 46 marujas con heridas de bala. Según me contó el empleado después, Hitman se había parapetado en la frutería, apoyando su rifle de francotirador Walter-2000 entre las sandías, con el que fue eliminando, una a una a todas las personas que integraban la cola de la carne.

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¿Le confundirías con Don Limpio? Tiene la misma pose, sólo que en lugar de trapo y fregasuelos lleva dos pipas de plata.

Mientras volvía a la entrada con un filete (cuyo uso probablemente sería el de envenenar a algún perro guardián) Hitman estranguló a un chaval con una cuerda de piano, creo que por vicio o por inercia. El chaval vestía chándal tres tallas mas grandes de la debida, gorra hacia atrás que cubría un corte de pelo-cenicero, cadenas, anillos y varios “piercings” en labio y cejas. Cuando se desplomó en el suelo no pude evitar aplaudir.

En ese momento Hitman me vio. “Maldito sea yo por no reprimir mi entusiasmo y maldito el calvo por tener tan buen oído” me dije. Se me acercó con sus ojos de tiburón y me habló: “Tu eres M.O.III, ¿verdad?” “Sí” –contesté- “No me digas que tienes un dossier sobre mi”. Sonrió, y me dio miedo. “No. Es que estás gordo, y además, cada vez que he matado a alguien aquí te has zampado la comida que llevaba en el carrito. No se como puedes andar. Tú eres el que escribiste el artículo sobre Ken en Pocket Invaders, ¿no?” Asentí.

“Para escribir sobre mí hay que ganárselo. El trato es fácil. Tú respondes acertadamente a una pregunta, y te vas vivo. No lo haces y mueres, ¿ok?” Como para decir que no.

“Todo el mundo sabe que para crearme se usaron los genes de varios personajes conocidos por su violencia y sus cualidades como agente/espía, pero, ¿quién me dio los genes dominantes?, ¿quién es, en definitiva, mi padre?”

Tenía genes de Will Smith, pero no tenía ni su color de piel ni mucho menos sus orejas

En principio pensé en Darth Vader, pero era demasiado obvio. Yo ya sabía que tenía genes de James Bond (Agente 047 viene de 007, por supuesto, pero la alopecia lo inhabilitaba como gen dominante, ya que ningún Bond fue calvo). Por la forma de vestir sabía que tenía genes de Will Smith (Men in Black) pero él no tenia el color de piel, ni mucho menos las orejas de este. El camaleón, enemigo de Spiderman se disfrazaba para matar y era calvo, pero no era un espía. Hitman se impacientaba y yo estaba a punto de rendirme, cuando me vino el recuerdo de un rumor que escuché una vez en Dos Hermanas. “Tu padre debe ser calvo, como tú. Vestir de negro. Ser un espía que trabaja para una agencia y disfrazarse”. Y ahí me la jugué: “Tu padre es Mortadelo”.

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Hitman, YO SOY TU PADRE.

Me miró y volvió a sonreír. “Así es”. Se limpió la sangre de la cara con la corbata, ahora totalmente roja, me miró y me dijo: “Puedes escribirlo. Pero dile a Estopero que deje de investigar sobre mi, o me enfadaré”.

“¿Entonces me dejas ir? ¿Aunque sepa tu secreto? ¿Por qué?”

Me miró mientras lanzaba despreocupadamente una granada de mano contra la pastelería, y me dijo, antes de irse para siempre: “Yo también prefiero a Ryu”.

M.O.III, agradeciendo el talento de Eldan a la hora de ilustrar mis artículos.